Sábado 20 de Junio de 2009
Crítica de teatro:
Gorda llega convertida en divertimento comercial
La puesta tuerce el sentido final de una obra que condena la debilidad de los individuos para desterrar los prejuicios.
Pedro Labra Herrera La versión local de "Gorda" -la aclamada comedia amarga del dramaturgo Neil LaButte ("Alguna(s) chica(s)")- tiene el aspecto de una sólida producción profesional. Resuelve atractivamente el problema escenográfico con un escenario giratorio, lo que junto a la calibrada trama, incisivos diálogos y bien armada puesta (Alejandro Castillo) hacen que el relato -sobre un ?yuppie' sensible que se enamora de una vivaz profesional de asumida obesidad- fluya sin trabas.
Pero el dispar rendimiento actoral es notorio. Aunque fresca y desenvuelta, está claro que la puertorriqueña Eileen Rivera recién se foguea en el oficio, al igual que la segunda actriz (productora además del montaje). Luciano Cruz-Coke se defiende con los mismos recursos que desarrolló para el sitcom "Una pareja dispareja". Escaso en proyección escénica y modulación dramática, el estilo tiene un tono tan coloquial y televisivo, que no es raro que Luis Gnecco, encarnando al amigo y compañero de oficina, se adueñe de la escena, jibarizando a los otros. Sin freno en su despliegue histriónico, Gnecco le pone de su cosecha e incluso anexa "morcillas" (chistes de actualidad), de modo que a ratos "Gorda" no parece una creación controversial y provocadora sino que un divertimento comercial más de los que abundan en nuestra cartelera. Peor aún, tuerce el sentido final de una obra que condena la debilidad de los individuos para desterrar el prejuicio ante lo diferente, oponiéndose a la presión de la mayoría.
Así hace que el espectador celebre las crueles e hirientes pullas lanzadas por su personaje, que aquí luce simpático y ocurrente, cuando debiera resultar odioso y repulsivo. También quizás porque el público nuestro no ha superado el lastre discriminador.
![]()
![]()